
Llego la orden del alto mando general de las Naciones Planetarias, la misión era complicada y yo había sido el elegido, estaba acuartelado en la Ciudad Subterránea de Santiago, perteneciente a un antiguo país llamado Chile hoy parte también de la “Tierra Unido”.
2110 años de cultura occidental y el mundo vivía a full la exploración espacial. Habían encontrado una extraña formación, que los científicos planteaban era un portal a otra dimensión espacio-tiempo.
El viaje seria por transposición, a pesar de ello, sería la transposición más larga jamás realizada y pasaría un año hibernando, todo para cruzar al otro lado y encontrar mi destino.
Fui seleccionado porque no estaba casado y no tenía más familia, sólo un par de tíos y primos esparcidos por la galaxia, ni novia tenía, en ese momento. Era el candidato perfecto: ninguna persona consultaría, ninguna persona me extrañaría, nadie lloraria esta partida y nadie reclamaría ni se opondría a semejante locura de manda a un hombre sin un destino.
Es una misión suicida me dijo un colega, de esas que se dan medallas póstumas y reconocimientos anuales; mi tutor no dio ni juicio ni opinión, “mi vida era el Espacio y es a el a quien pertenezco” decía el grito de batalla de mi promoción, sería así, no falta mucho, el tiempo corre, te echare de menos.
El ultimo día antes de la misión, lo daban libre, me dije “¿porque no?”; salí a caminar a la superficie donde la vegetación era dominante, me senté en una banca, en el parque llamado “héroes de la aviación”: tenía un monumento en forma de una aeronave, esta representaba las proezas de esos hombres, que al igual que yo, se aventuraban a lo desconocido; una memoria post era espacial. Frente al parque había un cerro, que se llamaba San Cristóbal, pero ahora tenía el nombre de un héroe espacial; las nubes lo cubrían y a ratos dejaban ver las copas de los árboles. El roció caía suavemente por mi rostro y pensé por un momento, ¿será esta la ultima vez que sienta tu brisa?, el viento respondió con una leve caricia; esperanza tengo en volver, respire fuerte, el aire ahora puro, me hizo pensar: “no se si esto existirá al lugar donde me envían”, el aroma a los pinos del parque y ese tenue color grisáceo del cielo le daban un toque especial, volvían los árboles aparecer y desaparecer entre las nubes, como sombras, recuerdos de momentos pasados que olvidaba y acordaba de momentos.
La gente pasaba a mi alrededor, nadie se sentaba en esas bancas en invierno, pero a nadie le importaba mi actitud, el trabajo, la rutina, los hacia moverse rápido; bajaban en ascensor, para disfrutar de la telesinapsis y sus imágenes cerebrales en sus residencias, nadie disfrutaba de los parques salvo algunos ancianos, el mundo no era como en la época de mis antepasados, el mundo había cambiado y yo quería quedarme en el pasado.
Extrañaría la brisa del viento, extrañaría también, el color del cielo, las nubes que cubren ese cerro, sus árboles, el sonido de los pájaros, el aroma del fresco, todo esto sería remplazado por el sonido del panel de instrumentos, el contacto radial, el olor del aire encapsulado y filtrado; el largo sueño hasta llegar a destino.
No se que habrá más allá, tal vez lo importante, lo que vale para mí: no sea lo que voy a descubrir, si no lo que he logrado, podría retractarme, pero mi destino ya lo decidí, cumplí mi sueño de surcar por el espacio, soy Cosmonauta y mi misión, las estrellas.
Siento a lo lejos la prueba de motores, será el sonido que me acompañe al principio y al final de mi viaje; nadie sabe con certeza si volveré, así que corte una pequeña flor, la suavidad de sus pétalos me daba la seguridad de por lo menos llevarme algo de la Tierra, así no olvido este momento, respiro mi ultima gran bocanada de aire y vuelvo a la base subterránea antes del lanzamiento, llego el momento de partir y dejar atrás esto, solo salvaré los buenos recuerdos.
Echare de menos la Tierra, pero quizás halla algo mejor donde parto, nadie lo sabe, soy el primero…

Qué envidia, desearía ser tú... yo, como expliqué en mi última entrada, siento que no pertenezco acá, pero en realidad no sé si quiera dejar la tierra, después de todo ella no es así y no tiene la culpa... igual, de todos modos hoy me iría lejos, lejos... pensar tanto hasta no pensar nada, y luego volver con una sonrisa, extrañando, queriendo y olvidada.
ResponderSuprimirale.-